Fulana de Tal
A propósito de Casa de Muñecas, obra de teatro escrita por el dramaturgo noruego Henrik Ibsen a fines del s XIX, el tema que me trae al tintero es la lucha de poderes entre los sexos, aunque el asunto es tan simple que a pesar de los años el escenario sigue siendo el mismo: un hombre sometiendo, bajo el pretexto del manto protector, a quien ya no quiere ser protegida, a quien ya no quiere ser Fulana de Tal, sino Fulana y punto.
A propósito de Casa de Muñecas, obra de teatro escrita por el dramaturgo noruego Henrik Ibsen a fines del s XIX, el tema que me trae al tintero es la lucha de poderes entre los sexos, aunque el asunto es tan simple que a pesar de los años el escenario sigue siendo el mismo: un hombre sometiendo, bajo el pretexto del manto protector, a quien ya no quiere ser protegida, a quien ya no quiere ser Fulana de Tal, sino Fulana y punto.
Hoy estamos casi totalmente liberadas de impuestos y supuestos, pero, ¿será verdad tanta belleza? Porque en la mayoría de los casos somos las mismas mujeres las que decidimos seguir siendo las muñecas, las fulanas de tal con el apellido de quien nos posea, el padre o el marido; tranquilas, sin problemas y con todas las comodidades que ofrece la pertenencia.
Y es muy simpático el asunto, porque el machismo generalizado ensalzado por las propias mujeres, me regresa al tiempo en el que mi tía Emma Aurora decía: “Manuelita, la de Germán o Ana María, la de José Carlos”; y así fue como crecimos escuchando el estribillo desgastado de que no somos nada sin ellos y que no somos iguales, inculcando en los hijos la diferencia abismal que existe entre el hombre y la mujer: el macho recolector, reproductor y protector; y las mujeres, si se portan bien y logran ser algo entonces podrán figurar en el refrán “detrás de un gran hombre…”
En Casa de muñecas, Nora, la protagonista, se da contra la pared al presenciar en primera fila la desigualdad de géneros y la injusticia con la que era juzgada una mujer en el mismo caso en el que a un hombre se le hubiese premiado. Entonces Nora se va.
A partir del estreno de esta obra en 1879, miles de mujeres en el mundo dejaron oír el sublime sonido del portazo tras de sí; años más tarde levantarían la bandera del sostén quemado, haciendo uso de la píldora y tomando la sartén por el mango.
En el Perú no fue sino hasta 1956, cuando Odría nos concedió el voto femenino, que las mujeres pudimos hacer sentir nuestra opinión respecto a la dirección del país en el que vivimos y del que somos parte fundamental; y así tras ciento y pico años el Regatas nos abrió las puertas de la membresía sin necesidad de ser la señora de tal o la hija de cual.
Ser Fulana y punto no es fácil, tomar la decisión de dirigir nuestro destino es un desafío serio y laborioso, tomando en cuenta que no solo nos estamos cargando a los hombres sino a las mujeres que dirigieron nuestras vidas.
Pero la fuerza no radica en salir adelante solas con el mundo a cuestas, sino en ser capaces de lograr independencia real y con esa facultad podremos formar un vínculo, una relación equilibrada con otro ser, que será más fuerte a medida que cada uno de los involucrados respete al otro como igual; la admiración es un proceso regular que llega sobre la marcha y es ahí donde se hace un hogar que deja de ser la casa de muñecas para convertirse en la cantera de personas competentes y suficientes para aportar al mundo lo mejor de sí sin importar el género, ni el número, entonces el Fulana de Tal ya no sonará ni dolerá, porque no será más un sinónimo de pertenencia sino de coligación, de fusión…de alianza, el prodigio del que hablaba Nora.
2 comentarios:
Todo lo que reflexionas en tu publicación es cierto, pero más cierto es la calidad con que expresas esa realidad. Te felicito.
Hola Karla. Te vi en tu estreno en ATV+, muy bien, con algunos errores, pero que más bien daban ternura por lo histórico que significa siempre el lanzamiento de un canal nuevo. La entrevista a Johnny Lescano estuvo bien, un poco corta, pero me pregunto si él sabe por dónde salió, ya que el 21 no está en el cable. Saludos y suerte en esta nueva aventura.
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