lunes, 17 de diciembre de 2012

Mi cuento de hadas


Resulta que cada uno tiene un cuento de hadas y es necio quien deja pasar su cuento añorando uno que no está hecho a su medida. En todas las historias no siempre hay un príncipe y una princesa, o un sapo o una bestia. No en todas las historias hay una bruja o un hechicero o una varita mágica o un caballo blanco. Todas las historias no son iguales y cada uno teje la suya con los colores de las madejas que tiene a mano. Ese que busca colores que no tiene, siempre vive infeliz. Yo no, yo soy feliz.
Mi historia tiene un príncipe, dos princesitas y una bruja. En mi historia el príncipe quiere a la bruja que tiene dos princesitas, y las quiere a ellas también porque se parecen a la bruja que él tanto ama. En mi historia las princesitas, que son hijas de un sapo, quieren al príncipe como a su padre, y viven felices en un palacio de cristal lleno de luz donde la bruja sonríe y se mira en los espejos.
La bruja come manzanas y el príncipe la despierta con un beso. El príncipe de mi cuento es muy feo, pero la bruja lo quiere y cree que es el más bonito príncipe del mundo.
No hay caballos, ni flores de colores, pero hay un mar inmenso que sosiega el espíritu y el alma, un remanso de paz que se rompe con la risa de las princesas y con sus gritos cuando se pelean, porque en mi historia, las princesitas se pelean de vez en cuando pero luego se amistan y se quieren porque son hermanas. Ellas aprenden a ser tolerantes, a negociar, a inventar juegos. Ellas conjuran el mal humor de la bruja con una caricia, y la bruja se acuerda que alguna vez fue princesa cuando besa sus bellas caritas.
La bruja de mi historia tiene buen genio, pero se convierte en un dragón y echa fuego por boca de vez en cuando, lo hace cuando está molesta y también cuando está feliz. El príncipe se asusta porque nunca conoció a una bruja dragón que antes fue princesa, seguro él quería conocer a la princesa, pero esa ya no existe, solo adentro, muy adentro de sus ojos, cuando se emociona, cuando la sorprenden con alguna sorpresa, porque a la bruja de mi cuento le encantan las sorpresas, no importa de que se trate, el simple hecho de que sean sorpresas le alimenta el corazón.
En mi cuento, la bruja, como es muy humana, a veces se pone triste, se siente fea, sin magia y necesita amor expreso, manifiesto y deliberado. El príncipe, la ama y la reconforta, él cree que ella es increíble, entonces ella se levanta, canta y le cuenta su felicidad a todo el mundo, porque siente que es feliz por primera vez en la vida, así que hace que esa felicidad se multiplique y la hace crecer, no la guarda para que se marchite, no la protege del sol; la lleva consigo y la gasta porque la felicidad es de esas cosas que crece cuando se usa, que se incrementa cuando se obsequia, que aumenta cuando es compartida, y la felicidad de la bruja es auténtica y verdadera.
Este es mi cuento de hadas y para mí es el mejor, no se parece a ninguno porque lo hice yo, y es un cuento feliz porque no tiene final, tiene un presente continuo y continuará…

4 comentarios:

Unknown dijo...

sigue gastando tu felicidad, eso hará mas feliz a los que te rodean.

FERNANDO ZAMBRANO dijo...

Felicitaciones.. un bonito relato....

Anónimo dijo...

Me encantas bruja

Alex Aguirre dijo...

Gracias Karla, me pusiste a soñar..., hermoso cuento, Dios te bendiga por compartir tus sentimientos, los cuales son dignos de ti. Un beso, me siento marchito, pero reavivastes mis sueños...
Gracias.
Con cariño Alex Aguirre.
Feliz 2013!!!