viernes, 10 de febrero de 2012

“Mamá, me das vergüenza”

¡Mamá, me das vergüenza! Gritaron mis hijas cuando, camino al Regatas por el malecón de Chorrillos, iba recogiendo cuanta envoltura de golosina encontraba en mi camino.

Les expliqué que lo que hacía no era motivo de vergüenza sino de orgullo, porque estaba limpiando el mundo. ¡Pero cómo crees, si solo has recogido cuatro papeles del malecón!, me dijeron como explicándome lo absurda que era mi respuesta.

Es difícil ser pionero, además porque luego “loca” o “extravagante” son parte de los calificativos de rigor, y no alcanzan las ganas para ir explicando al ojo juzgón, de qué va el tema. Pero como se trataba de mis hijas, me di el tiempo de aclararles, a modo de lección, que una pequeña acción puede cambiar el mundo y hacer mejores seres humanos, porque la práctica hace al maestro y mientras más ejerzamos nuestras obligaciones ciudadanas, mejores ciudadanos seremos. La respuesta de la niña de ocho años, que siempre tiene la verdad en la boca, se resumió a que ese era el trabajo de la municipalidad –a la que por cierto, le pagamos los arbitrios religiosamente y no recoge la basura ni barre el malecón–. ¡Quéjate!, me dijo.

Es cierto, tenemos todo el derecho y el deber de protestar si es que algo no está bien hecho, pero además tenemos la obligación de corregir y solucionar, sobre todo, de enseñarle a nuestros hijos que somos responsables de nuestros actos y de nuestro bienestar. No debemos esperar que el policía amoneste al señor que está haciendo pila en la puerta de algún garaje, es nuestra obligación reprenderle públicamente para que la vergüenza le obstruya la vejiga la próxima vez. Llamémosle la atención al conductor de combi que conduce mal, y lo más probable es que nos grite una grosería, igual no hay que quedarse tranquilo, no seamos negligentes, que a uno seguro no le harán caso pero a siete millones y pico sí, así que protesten cada vez que vean una barbaridad.

Exijamos al policía que nos explique nuestra falta con argumentos válidos y si la falta es real, pues reclamemos nuestra papeleta, no sigamos dándole mamadera a la corrupción.

Indignémonos, que la indignación es la manifestación más digna de la moral en el ser humano, en el ciudadano. Miremos más a nuestros hijos, metamos las narices, interesémonos en ellos, en lo que hacen, con quién salen y a dónde van, a ver si así evitamos titulares como el de los estudiantes universitarios que asesinaron a la primita de ocho años y cobraron el rescate; o el de las primas de la Villa Militar que extorsionaron a un empresario japonés y así por el estilo, que ejemplos para llorar sobran.

Denunciemos al que roba deliberadamente al cobrar, exijamos buen servicio, digamos por favor y gracias, pongámonos en pie de lucha. Ser pionero no es fácil, pero es bonito ir con la bandera de quien hizo la tarea, regresemos al idealismo del scout, hagámoslo realidad ahora que somos grandes y que podemos, pero empecemos por casa: recoge el papel, tíralo a la basura y limpia el mundo.

3 comentarios:

Limeño Trasnochado dijo...

chevere tu post

Anónimo dijo...

Que buena! ME gusta.

Renzo Castellano dijo...

¡Cuánta falta hacen madres y padres como usted! Dios la bendiga.