Las mañanas aromadas de café, la música insistente y acompasada de una vieja máquina de escribir que principiaba su canto a las cinco y cuarto, evidenciaban el inicio de la jornada. Unos ojos verde olivo con chispas de sol y de luna, ocupando el mismo espacio en la mesa, vigilando la prolijidad del texto tanto como la disposición adecuada del pan, el queso y la aceituna. Y seguía componiendo música y crónicas, con una cadencia que añoro, que sueño y que siempre me acompaña.
Los manuscritos, las fotos del extranjero, las crónicas de Sullana, de Paita y de Talara; el arte de las publicidades, la cinta adhesiva, la tijera, el lapicero y el lápiz, la mesa de trabajo llena, era el anuncio de una nueva edición. En la calle Lima#444 se estaba gestando otra entrega de Época, la Actualidad Gráfica del Norte.
¿Quién se casó?, ¿quién bautizó a su hijo?, los viajes de negocio y de placer, las graduaciones y las fiestas de promoción, la red social más efectiva y la forma más confiable de conocer la realidad norteña; opinión de expertos, columnas de eruditos, los personajes más entrañables, los hijos ilustres de Piura han escrito en Época: “uno es alguien en el quehacer cultural si ha publicado en esta revista”, decía la senadora piurana Carlota Ramos de Santolaya.
Hace 48 años, la Revista Época vio la luz e iluminó el norte, contando su historia, analizando su panorama y recitando las maravillas de ser piurano. Nació para poner al corriente a los hijos de esta tierra y conectar a los que habían salido un rato para regresar algún día. La crónica viva, bajo la pluma aguda (como el ángulo de sus cejas cuando desaprobaba) de Carlos Manrique León y el olfato estadístico perfumado de amancaes y algarrobos de Carmen Argüelles Checa de Manrique.
Los tiempos han cambiado, Piura ya no es la misma, pero Época sigue contando la historia, sigue al pie del cañón conectando a los piuranos, sosteniendo la tradición, dando la oportunidad de compartir las letras de quienes marcan la pauta en la cultura piurana, mostrando nuevas caras y viejos conocidos; los nacimientos, los bautizos, los casamientos, los viajes, las notas de Sullana, de Paita y de Talara. Ya no está la sonrisa amplia y la pluma afilada de Carlos Manrique, ni la luz intensa y la inteligencia de la Carmencita Argüelles, no hay más máquina de escribir, ni fotos con negativos a color y en blanco y negro. Seguimos los siguientes, los que continuamos, los que ponemos el alma homenajeando mes a mes a quienes nos heredaron obstinación, tesón y pasión por nuestra tierra y por la tinta que ya no pinta las manos pero marca el alma.
¡Feliz aniversario Época!
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