martes, 17 de enero de 2012

Llorar

No hay nada más hermosamente triste que llorar a solas, con uno mismo, sintiendo como el alma se conduele por dentro, consolándose sin consuelo porque nada puede calmar el sufrimiento causante del galope convulsivo que estremece al ser que padece sin testigos, nada logrará contener el caudal de lágrimas que salen desde el alma y brotan por los ojos, en cantidades tales que, en algún momento el doliente se para a pensar sobre la gravedad de la pérdida de tanto líquido.
Es abrumador el llanto con movimientos y sonidos que desahogan el alma en la intimidad máxima del dolor mismo, de la compasión hacia el propio ser por saberlo débil, pobre… la confirmación de la naturaleza humana que nos cierra los ojos entre sollozos paridos por la frustración.
¿No son las lágrimas la comprobación física del alma? ¿Su manifestación hacia el exterior en gotas salobres cargadas de información física, química y emocional?
Llorar duele, pero enseña.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que maravilla!
Me encanta como escribes!!!